miércoles, 8 de enero de 2014

Despertando a la vida.




Era de madrugada en una casa cualquiera de un barrio cualquiera. Oscuridad y silencio llenaban todos los rincones de aquella coqueta casa en la que una familia dormía plácidamente.
De buenas a primeras un pequeño estruendo empezó a sonar entre toda aquella paz nocturna y los muebles empezaron a moverse.
Entre toda aquella oscuridad y silencio emergió una voz. "¡Ay que dolor, que dolor que tengo!" balbuceó el sofá del salón. "¡Estoy destrozado!". Los muebles estaban empezando a cobrar vida.
“-¡Mis pobres almohadones, viejos, gastados, dañados y babeados por ese horrible niño que no para de saltar encima de mí todo el tiempo!”, volvió a gritar el sofá.
“-No levante la voz, señor sofá, no queremos despertar a la familia, que por cierto, usted no es el único jodido en esta casa. Además, no sé de qué se queja, al menos usted es grande y cómodo y está anclado en un mismo sitio y nadie lo menea de un lado para otro como si fuera un carrito de la compra” le espetó la mesita auxiliar de ruedecillas al sofá.
“-¿Y yo, y yo qué?, a mí me tienen amargada todo el día, ser mesa de comedor no es tarea fácil caballeros. Me tiran la comida encima, muchas veces me han quemado con la sopa o los platos calientes, mi pobre piel de madera de roble está seca y dañada. Lo que yo daría por una buena capa de barniz y que me hiciera brillar como en mis tiempos de mozuela.”
“-Venga, venga, menos quejas que al menos a vosotros os usan de vez en cuando, ¿pero y yo qué? Estoy las 24 horas del día encendida, no tengo ni una pizca de intimidad, me abren por la mañana, por la tarde y por la noche, de mis entrañas sacan todo tipo de alimentos, paso mucho frío y no soporto los malos olores de los yogures caducados, ¡ser nevera es un suplicio!”
“-¡señores por favor!” Aclamó un viejo perchero colgado en la entrada. “-Debéis saber que os comprendo. No es tarea fácil complacer y agradar a los humanos. Muchas veces hemos pasado de ser útiles a inútiles en un abrir y cerrar de ojos y eso lo he visto yo a lo largo de muchos años pero es que nada dura eternamente y lamentarse, quejarse y compararnos los unos con los otros no nos va a hacer mejores muebles, no tenemos que compadecernos sino valorarnos por la buena función que hacemos en nuestro día a día a pesar de lo gastados y jodidos que podamos estar y es que todavía seguimos aquí, juntos, ¿o no es verdad?”
Un largo silencio envolvió a la casa. En ese momento una risa surgió del sofá contagiándosela a todos los demás muebles, quitando así hierro al asunto.

Y así pues la nevera se acercó y sacó un poco de comida que sobró de al medio día y sirviéndola sobre la mesa del comedor todos los muebles de la casa comieron y charlaron durante toda la noche hasta que los primeros rayos de sol los volviera a dormir.

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